18 de junio de 2026 · 5 min de lectura
Qué mira una analítica hormonal masculina (y por qué cada valor)
Testosterona total y libre, SHBG, LH, FSH, PSA, hematocrito… Te explicamos para qué sirve cada parámetro de un buen estudio hormonal, sin jerga.
Cuando un estudio hormonal está bien hecho, no es «medir la testosterona y ya». Es un conjunto de valores que, juntos, permiten a un médico decidir con criterio. Te explicamos qué hace cada uno, para que entiendas tu informe en vez de mirar números sueltos.
El núcleo hormonal
Testosterona total: el punto de partida. Pero parte de esa testosterona viaja «secuestrada» por una proteína (la SHBG) y no está disponible. Por eso se mide también la testosterona libre —la que de verdad actúa— y la SHBG y la albúmina, que permiten calcularla.
LH y FSH: son las «órdenes» que el cerebro envía al testículo. Sirven para saber dónde está el problema: si el testículo no responde (origen primario) o si la señal no llega bien desde la hipófisis (origen secundario). Cambia el diagnóstico y el tratamiento. La prolactina ayuda a descartar otra causa de testosterona baja.
La seguridad
Dos valores no diagnostican la andropausia, pero son imprescindibles si algún día se planteara un tratamiento: el PSA (vigila la próstata) y el hematocrito (mide el «espesor» de la sangre, que la testosterona puede aumentar). Un buen estudio los incluye desde el principio.
El contexto
Tiroides (TSH), glucosa, perfil lipídico, vitamina D, hierro: no son hormonas sexuales, pero descartan causas que imitan los síntomas (un hipotiroidismo cansa igual que una testosterona baja) y dibujan el estado general. La decisión sale del cuadro completo, no de un número aislado.
Y un recordatorio importante: la testosterona se mide por la mañana y en ayunas, y un valor bajo se confirma con una segunda muestra otro día. Una decisión seria no se toma con una sola medición.